jueves, 19 de abril de 2012

Viaje por los Balcanes. Primera parada: Croacia (Rijeka, Split, Dubrovnic)

Dos meses después retomo el blog. Dividiré la experiencia de este viaje en tres entradas, puesto que ocho días dan para mucho. La aventura empezó con mal pié: Sergio y yo debíamos quedar en Trieste (Italia), pero por mi falta de planificación, cuando llegué a Koper (ciudad costera de Eslovenia) me dijeron el estación que no había trenes por tratarse de un domingo. En lña propia estación de trenes (no había de autobús), me fue imposible dejar la maleta, puesto que los 'lockers no funcionaban. Paré a un coche de policia pero en lugar de resolverme las dudas me pidieron la documentación, no sé con qué pinta me verían, yo que simplemente quería consultarles un lugar para dejar la maleta...finalmente entré en un centro comercial y la dejé en consigna, a un chaval, sin ticket ni nada y tuve que preguntar a un compañero suyo si estaba haciendo bien dejándola ahí. Di una vuelta por la ciudad, unas fotito por aquí, por allí, comí en un buen restaurante 'La Astoria', donde valen los famosos cupones (los erasmus que estudien en Eslovenia sabrán de que hablo) y volví a por la maleta. Se encontraba en e,l lugar donde la había dejado, a simple vista intacta. Cogí el tren hacia Rijeka (la ciudad donde teníamos previsto dormir la primera noche) con el tiempo justo, corriendo (como siempre) me pude montar pos escasos segundos. Me puse en contacto con Sergio y aplazamos la visita a Trieste para mejor ocasión. El hostal no tenía pérdida, a 300 metros de la estación, pero por fuera el edificio estaba muy deteriorado, aunque en cambio, por dentro, no era tan desastroso. Las siguientes fotos lo atestiguan.


video


A la hora y media de estar yo en Rijeka apareció Sergio. Esa noche no hay mucho que contar, una cervecita -aquí fue donde descubrimos la PAN (top-3 de cervezas europeas, para mí) y una pequeña vuelta por la ciudad. A la mañana siguiente nos levantamos temprano para coger el tren hacia Split, a donde llegaríamos de noche. Aún teníamos 3 ó 4 horas para visitar la ciudad: suficientes. Lo más destacable el castillo que tiene en una montaña, a la cual se sube en autobús y la calle principal -Korzo-, peatonal y muy animada, repleta de tiendas y edificios clásicos y modernos.

Pusimos rumbo a Split, con un transbordo, ¡pero vaya trasbordo! 1 hora y media de espera, aproximadamente, en Ostorije, un lugar perdido de la mano de dios, en medio del bosque. No se podría calificar a lugar de 'estación'. El tiempo, con una incesante nevada y el paisaje, hacía más pesada la espera. Para entretenernos echamos fotos, yo subido a un tren que había aparcado, jugando con la nieve...lo típico para entrar en calor. El guardia nos alojó en una pequeña garita con una estufa muy particular (foto); allí conversamos con un tipo ruso con ganas de hablar, pero al que se le entendía fatal, apenas vocalizaba el hombre.


Ya por la noche llegamos a Split. No teníamos hostal (como ocurriría en todas las ciudades), pero teníamos más hambre que ganas de buscarlo. Unas buenas pizzas para cenar (cerca del puerto y de la estación de tren) y nos pusimos en marcha. Después de muchas vueltas encontramos finalmente uno, guiados por una mujer que nos hizo las veces de guía. Fue el más caro de todos, el precio nos pareció un poco abusivo (unos 20 euros), ¡ni que fueran los países nórdicos! pero a esas horas no teníamos mucha elección; además la habitación -para seis personas- estaba vacía, seríamos los únicos huéspedes y fue el mejor hostal de todos, ciertamente.

Yo me quedé a tomar una cerveza con el chico de recepción, un buen tipo, muy futbolero, al que le fascinaba el juego del Barça y que no era muy fan de Luka Modric, la estrella de la selección croata, por su desaire con la gente local, o de la región, ya que había nacido en estas tierras y sin embargo, se fue a jugar al Dínamo de Zagreb.

Por la mañana hicimos turismo y desayunamos por el Paseo Marítimo. Unas cuantas fotos en el puerto, con las colinas de fondo, y un paseo por el centro histórico, el cual tiene un gran patrimonio, donde destaca el Palacio de Diocleciano . Recordemos que Split fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Comimos en un sitio que nos defraudó, al menos a mí. Hice mal en pedir carne. Mala elección y mal sabor de boca; menos mal que antes de irnos me compré la bufanda del Hajduk Split y me fui contento.



Cogimos el autobús rumbo a Dubrovnik por la tarde, para llegar después de 5 horas. Íbamos sin hostal reservado, pero Sergio tenía la dirección de uno bastante decente. Nos costó dar con él. Unas cuantas vueltas en el bus urbano y llegamos. La pena es que en recepción no había nadie. Tuvimos que llamarle y después de un rato -dedujimos que estaba dormido el chico que lo llevaba-, nos abrió. Era aproximadamente la medianoche. Ni siquiera cenamos.


La ciudad amurallada de Dubrovnik

A la mañana siguiente tocaba hacer la visita por la preciosa ciudad de Dubrovnik, un paraíso en medio de la tempestad. El clima que habíamos tenido había sido desastroso, pero fue levantarnos y ver la luz del sol. 11-12ºC marcaba el mercurio. No lo esperábamos. Incluso por la noche el tiempo nos dio un respiro al llegar. El centro histórico es digno de los mejores de Europa.

Por estas calles pasearía meses más tarde Guardiola


Una de las puertas de acceso a la ciudad vieja
La ciudad antigua aún se conserva intacta y las batallas de la Edad Media no se cebaron con esta zona, a pesar de merodear por estas tierras los otomanos, por esa razón La Perla del Adriático atrae a tantos turistas cada verano.





Alejándonos del paraíso