miércoles, 24 de junio de 2015

Conociendo a fondo los Balcanes (parte II)

Ya de vuelta a la estación, me monté en una furgoneta, porque por el tamaño no podemos calificarlo de autobús. Justo tenía al lado a una chica muy mona, de nombre Liljana, que venía de pasar unos días de vacaciones visitando a unas amigas en Malta. Sobra decir que el viaje pintaba ya mejor y se haría más ameno. Como detalle -menor (?)- he de mencionar que el autobús no tenía cinturones de seguridad y la furgoneta era bastante mediocre. Me pasé gran parte del camino hablando con esta nueva amiga, que me señalaría el camino a casa al llegar a la capital de Macedonia. Por cierto, hablaba algo de español. Según parece, era bastante popular en el país debido a las telenovelas. Supongo que exageraría, pero me dijo que la gente me entendería mejor si me dirigía a ellos en español y no en inglés.

Hicimos un descanso en medio de la nada, donde había una pequeña tienda -y para mi sorpresa la mujer hablaba inglés e incluso aceptaba euros!- y luego la pertinente parada en la aduana, donde me hizo gracia que el guardia se quedara mirando los preservativos... Le dije a Liljana en tono jocoso que le debería preguntar al tipo que si me dejaba tener relaciones. A las 5AM llegamos a Skopje, y como me prometió la chica del bus me acompañaría al hostel.

El problema vino ahora. Cogimos un taxi -pagó ella, no quiso dejarme pagar a pesar de que el taxista aceptaba euros- y cuando estábamos llegando a su casa -luego descubriría que quería coger su coche y acercarme al hostel- me di cuenta que había olvidado la mochila en el autobús. Al bajarme fui directo a coger la maleta y no caí en la cuenta de que había dejado la mochila en la parte de arriba del asiento. Un despiste de bulto, sí, más si cabe porque en ella tenía el pasaporte -vital para salir del país-, el cargador del móvil, los auriculares, las gafas de sol, el neceser... Así que cogimos su coche y volvimos a la estación...pero el autobús no estaba. Problemón. Preguntamos que si se había vuelto a Sofía y en caso de que aún estuviera en Skopje dónde se podría encontrar. Jamás se me olvidará la marca que hacía la ruta Sofia-Skopje, Kalesa.

Nos pusimos a dar vueltas en busca el autobús perdido, pero no aparecía. Fuimos donde le dijeron a Liljana que suelen aparcar para pasar la noche, también llegamos a la antigua estación, pero no había forma de dar con él. La ayuda de la chica fue inestimable, quería dar con la mochila a toda costa, así que nos dirigimos a la aduana. Sí, cuando vi que cogió la autopista le pregunté -porque me lo estaba temiendo- y evidentemente me confirmó mis sospechas. Allá que fuimos y no solo eso, sino que me dijo que si no veíamos la furgoneta que ¡iríamos a Sofía! Yo estaba totalmente por la labor de encontrarla, como es de suponer, pero a ella se le metió entre ceja y ceja encontrar el vehículo.

Iglesia de Santa Sofía (Ohrid)
En la aduana le dijeron que no había pasado ningún autobús de la marca Kalesa, que esperáramos.

Y eso hicimos, durante más de media hora. Yo volví a preguntar al funcionario en su garita y me dijo que conoce la marca porque lo ve pasar todos los días y que estaba convencido de que por ahí no había pasado. Además, suponiendo que lo viéramos pasar, sería muy cómico el hecho de perseguirlo y hacerle parar. El guardia también me comentó que él no estaba capacitado para registrar el vehículo, que simplemente nos avisaría si lo veía pasar. Como os contaba, estuvimos aparcados un buen rato mientras Liljana no paraba de hacer llamadas para ver si resolvíamos algo o le daban alguna información útil acerca de las rutas de la compañía.

Teatro romano de Ohrid
Yo le dije que nos volviéramos, que mañana seguiríamos buscando. Volvimos a la estación en un último intento y un operario me dijo que, al día siguiente, a las 17.30, ese autobús volvería a Sofía. No me quedé del todo conforme. No me quedaba mucho más que hacer. Dimos otra vuelta más por la antigua estación pero ella, que conocía el autobús y la marca mejor que yo, no lo vio por ningún lado. Le dije que me dejara en el hostel y que más tarde, a lo largo de la mañana, seguiríamos buscando. Subí al hostel y cuando estaba aún en la recepción me llegó un mensaje suyo al Whatsapp. Había encontrado el bus! Alucinante. La chavala además de maja era muy resuelta. Me dijo que se acercaría a dármelo en 10 minutos, que bajara. Llegó y me propuso ir al Canyon Matka -del que me había hablado hacía un rato-, a no ser que estuviera muy cansado. Y yo, claro, como siempre en estas ocasiones, estoy abierto a cualquier plan. Rara vez el sueño o el cansancio me hacen decir que no. El cañón, en un valle precioso, se encontraba a unos 10 kilómetros a las afueras de Skopje. Allí fue donde nos besamos, con un marco incomparable. No había mejor sitio, parecía hecho a medida.

Lago Matka a primera hora de la mañana
Ya de vuelta al hostel, quedamos en vernos esa misma noche, aunque fuera un rato, a pesar de nuestro cansancio mutuo, sobre todo el suyo, que venía de varios días sin dormir y quería quedar con sus amigas. Yo pensaba ir a Ohrid durante el día, así que intentaríamos quedar por la noche.

Puse la alarma, dormí 2 o 3 horas y me fui a Ohrid. El chico del hostel me dijo que lo ideal para mí sería quedarme allí esa noche y no volver a Skopje. No le faltaba razón. Eché más horas en el bus -6 en total- que viendo la propia ciudad. Ohrid, "El Jerusalén de los Balcanes", que cuenta con 365 iglesias (una por cada día del año) y un enorme patrimonio cultural para una ciudad de apenas 42.000 habitantes. El teatro y las iglesias románicas -espectacular la de San Clemente- son de una preciosidad inconfundible y el inmenso lago te absorbe desde el primer momento. Por supuesto, tiene un castillo con unas murallas que nada tienen que envidiar a las de Skopje y que se remonta a la época bizantina. Una ciudad pequeña pero con muchísimo encanto. Solo me quedé con ganas de ver la iglesia de San Juan Kaneo, pero el tiempo apremiaba.

El recepcionista no se equivocaba, pero yo ya tenía mis planes en la cabeza y me di toda la prisa que pude en recorrérmelo, para así llegar a tiempo esa misma noche a Skopje, dormir allí, levantarme por la mañana, hacer turismo y poner rumbo a Kosovo a mediodía. Como véis, todo bastante bien programado.

Iglesia de San Clemente
Y eso hice, en apenas hora y media y corriendo de un lado para a otro me la vi. Cogí el bus, como planeé y llegué a la capital macedona de noche. Salí a comer algo y al día siguiente de turisteo. No está mal Skopje, aunque a decir verdad, se está modernizando a la carrera. Hay obras por todos lados y se pueden ver estatuas por las calles principales, lo que siempre da atractivo, alegría y vistosidad a cualquier ciudad. Es una estrategia del gobierno local, embellecer la ciudad, dotarla de una identidad propia, porque como bien sabéis hasta hace aproximadamente veinte años pertenecía a Yugoslavia. Cerca de mi hostel, a escasos metros, estaba la calla Macedonia, la arteria comercial y más transitada de la ciudad. Allí mismo, pudo disfrutar del memorial en honor a la Madre Teresa de Calcuta (Premio Nobel de la Paz). La entrada es gratuita y su visita es recomendable para explorar algunos detalles desconocidos de su vida. Desde que abandonó Skopje para irse de misionera a la India, con 18 años, volvió en tres ocasiones, en alguna de ellas con el Papa.

Fortaleza de Samuel (Ohrid)
Al final de la calle se encuentra la antigua estación de tren, con un interesante museo sobre el terremoto que asoló la ciudad en 1963. En la fachada principal un reloj marca la hora en la que la tierra se movió cómo nunca antes en esta zona y arrasó los cimientos de la ciudad. Una de las visitas de Teresa de Calcuta fue precisamente por el movimiento sísmico que causó miles de muertes en su ciudad natal y provocó que Tito tomara cartas en el asunto ante el caos sembrado por el temblor.

La fortaleza Kale (del siglo VI, aunque reconstruida a lo largo de los siglos) está situada en el punto más alto de la ciudad y tiene vistas al río Vardar; sin embargo, más allá de la espléndida vista de toda la ciudad, está bastante descuidada, me dio la sensación de estar muy desangelada y apenas se ve gente visitándola. Es mucho más vistoso el exterior que el interior. Por otro lado, la Plaza de Macedonia sigue en permanente construcción. Pocos avances vi respecto a hace tres años, cuando estuve con Sergio. Dicha plaza conecta la ciudad antigua con la nueva mediante el Puente Viejo (del siglo XV pero construido sobre cimientos romanos). Nada más atravesarlo, nos adentramos en el barrio turco y su bazar. Quizás sea lo más significativo de Skopje. La zona está dominada por mezquitas -imponente el minarete de Mustafa Pasha- y poblada por musulmanes albaneses. Hay mucha actividad en la calle y precisamente fue en esta zona donde comí.

Puerta de Macedonia
Finalmente no pude quedar con Liljana. Una pena, me hubiera gustado agradecerle con una comida su amabilidad el día anterior.

Mezquita en el barrio turco
Estatua de Filipo II, padre de Alejandro Magno
Tras ver la ciudad, comer y recoger la maleta, emprendí camino a Kosovo. En la frontera me miraron el pasaporte más de lo habitual y me preguntaron con qué intenciones iba al país o qué iba a hacer ahí. Mi respuesta fue sincera a la vez que firme: turismo, de vacaciones. Kosovo es reconocido como país independiente por 108 países en el mundo, pero entre ellos no está España. Ni Serbia, evidentemente.

Puente de piedra Kameni Most (el más antiguo de la ciudad)
En poco más de dos horas me planté en Pristina. Aún era de día y cuando llegué al hostel, limando con la plaza Madre Teresa (sí, los albano-kosovares afirman que nació aquí y no en Macedonia) casualmente el azar me iba a echar una mano. En la recepción me dijeron que había dos españoles hospedándose esa noche. El círculo se cuadraba porque era viernes y a mí me hacía ilusión salir en Pristina. Y claro, con los españoles siempre puedes contar para salir. La fiesta se lleva en la sangre, corre por las venas de cada uno de nosotros. La verdad es que la conversación en el lounge del hostel sobre el conflicto albano-kosovar con Serbia dio de sí y me sirvió para ponerme al día con un tema que no deja nunca de estar candente. Y todo ellos aliñado con cervezas de por medio, claro. Lo que dedujimos los españoles -Fernando y Andrés- y yo es que Kosovo quería la independencia respecto a Serbia para unirse a Albania.

El héroe nacional, Skanderbeg, quien porta la bandera albanesa
No será cuestión de uno o dos años, pero a largo plazo parece que es su intención, ya que se sienten mucho más identificados -al menos las nuevas generaciones- con los albanos que con los serbios: por etnia, lengua, cultura...incluso al llegar me ocurrió algo muy curioso. Pregunté de camino a una chica qué lengua se hablaba en el país, si era el serbio y me dijo que no, en absoluto, que era el albano y que no cometiera por ahí el error de preguntar eso, que podía ser peligroso, aunque la ciudad y la gente era pacífica, que no me preocupara, que actualmente no había problemas. Yo le respondí que aunque no se hablara, la anterior generación a la suya seguro que lo hacía...Pero a día de hoy está bastante limitado. Kosovo es Albania, si no oficialmente, sí que lo es de facto.



La gente habla albanés, se ven banderas y símbolos albaneses en edificios oficiales -junto con estadounidenses- y estatuas que rinden homenaje al héroe albanés Skanderbeg. Cualquiera diría que estamos en territorio albano. Sí que se ven algunas enseñas o distintivos kosovares, pero son las menos. La mayoría de la población se siente albana. Los serbios han causado mucho daño aquí y eso lo pudimos comprobar también por la noche, cuando nos volvimos con dos chicas en taxi. Nos contaron que nada de serbio, que no les gusta y rechazan cualquier semejanza con ellos. También nos comentaron lo que ya vimos por nosotros mismos, que los extranjeros no les suelen gustar. La discoteca no nos dejó dudas. Solo en un bar en la ciudad (para ir al club tuvimos que coger un taxi, estaba más bien a las afueras) pudimos entablar conversación con alguna chica. Yo conocí a una que era cantante profesional y que al día siguiente vimos -casualmente- en el autobús hacia Prizren en un videoclip. La reconocí enseguida y Andrés y Fernando también. Una anécdota curiosa para cerrar la estancia en la capital kosovar.

Conmemoración de la independencia de Serbia
Me falta resumir lo que hicimos por la mañana. Poco se puede hacer, ya que Pristina es una ciudad prácticamente nueva, reformada por los estadounidenses, que han invertido mucho dinero en el país para contrarrestar las maniobras serbias. No es casualidad que haya una estatua de Bill Clinton en el bulevar del mismo nombre u otra calle con el nombre de otro ex-presidente, George Bush. Es, cuanto menos, chocante. También fuimos al estadio nacional de fútbol, que se encuentra bastante deteriorado y que no puede albergar partidos oficiales, solo amistosos. Los kosovares del hostel soñaban con que algunas estrellas que juegan para Suiza pero que nacieron en Kosovo, caso del popular Shaquiri, por citar un ejemplo jueguen sus últimos días para el equipo nacional. Hicimos otra escala de rigor en el famoso monumento New Born, que sirve para conmemorar la independencia de Serbia y que se inauguró en febrero de 2008. Alguna mezquita interesante, la Biblioteca Nacional, la iglesia Madre Teresa (sin apenas historia, ya que se finalizó anteayer, en el 2007) y visita terminada. No os perdéis nada si no pasáis por aquí, pero, sinceramente, tampoco me arrepiento de haber venido.

Greetings from Kosovo ;)
Por la tarde llegamos a la ciudad histórica de Prizren, plagada de mezquitas y monasterios y que data del siglo XIV. Yo había marcado en mi hoja de ruta el sábado por la tarde como fecha de vuelta a Budva, aunque mi plan se torció porque solo había autobuses por la mañana. A las 8AM para ser más exactos. Ergo me tuve que quedar en el mismo hostel que Andrés y Fernando. Además de este inoportuno contratiempo, la ciudad nos recibió con una lluvia torrencial que casi me amarga mi idea de ver las atracciones de la ciudad.

Biblioteca Nacional

Estadio del equipo local, el KF Prishtina



Cenamos en horario guiri y cuando finalmente escampó, pudimos salir a pasear. Prizren me dejó un buen sabor de boca. Más antigua y con más aroma que Pristina, se detecta enseguida su encanto al contemplar el Viejo Puente de Piedra, la imponente mezquita Sinan Pasha y la fortaleza Kaljaja, es aconsejable subir para apreciar las espectaculares vistas. Bonitas panorámicas. Mereció la pena el paseo. Leímos que había más de treinta mezquitas en toda la ciudad, dato bastante elocuente. De vuelta al hostel, dialogamos con el chico de recepción, que nos habló sobre -cómo no- el conflicto serbio-kosovar -siempre ligado a Albania, claro-. También se sentía albano. Nos contó historias de la guerra que vivió en primera persona, cuando era pequeño y se tuvo que proteger en el sótano de su casa y vi cómo caían bombas a su alrededor y morían vecinos y amigos. Sucedió en 1999, hace apenas 16 años, aunque parezca que ha pasado una eternidad.

El amigo Bill y un servidor
Yo le conté que cada uno cuenta la historia como le conviene, como Maja, la chica que conocí en Novi Sad a través de Couchsurfing. Me contó que él ya había oído esa historia, que los serbios siempre cuentan eso, pero que es mentira; aunque él particularmente no les tenía odio a los serbios y conocía el idioma. Todo esto aliádo de chupitos de rakija (un licor similar al brandy) que subía rápidamente (con tres de estos y alguna cerveza ya era suficiente para coger más que el punto...). Dialogábamos, debatíamos y nos entreteníamos.Tanto que casi se nos pasa la hora de salir. Fuimos a dar una vuelta por la ciudad con gente del hostel.

El turismo nocturno siempre es conveniente - nunca es desdeñable, yo soy un firme defensor- si bien en esta ocasión duramos poco, ya que a las 2AM o así ya estábamos de vuelta. No había muchas ganas de jarana. El cansancio había hecho mella, y más en mí, que llevaba más de una semana trotando y en cuestión de horas debía volver a Budva. Andrés y Fernando volverían a Macedonia, donde estaban trabajando. Un placer conocerles. Me despedí de ellos por la mañana y llegué a Budva por la tarde. Para los cerveceros, comentar que la cerveza local, Peja, deja mucho que desear. Aguada, sin sabor ni carácter. Mejor pedir otras marcas.

Foto postal de Prizren
Vistas desde la fortaleza
Un viaje con muchas anécdotas que guardar en la retina e historias de todo tipo para contar a hijos y nietos. Viajar solo -cuando la necesidad obliga- no está mal. Ya lo había hecho en UK, cuando fui desde Leeds a Oxford y Cambridge, aunque en esa ocasión solo se trató de un par de días. Ahora han sido nueve, pero la valoración global ha sido muy positiva.

martes, 23 de junio de 2015

Conociendo a fondo los Balcanes (parte I)

Aprovechando que he estado trabajando en Budva (Montenegro), he podido conocer los Balcanes con más tranquilidad, no de pasada, como la última vez,, hace ya tres años: mis viajes a Ulcinj, Herceg Novi, Perast, Porto Montenegro la Bahía de Kotor, Dubrovnik y Bosnia pueden dar muestra de ello. Pero tenía pendiente llegar a Kosovo, Bulgaria, Ohrid (la ciudad, con mucha diferencia, más bonita de Macedonia) y ver la vida nocturna de Belgrado. Planeé el por muy cuenta, ya que solo podría contar con Emanuele, mi compañero de trabajo y amigo, para e fin de semana. No obstante, el viaje comenzó con un contratiempo inesperado. Emanuele me escribió a las 7AM un mensaje diciéndome que se había puesto malo y que no podría venir a Belgrado –de momento el viernes-.

Ya contaba con viajar solo a partir del domingo, pero al menos daba por hecho que estaríamos juntos el fin de semana. No me importó. Tenía un plan B. Iba a quedar con una chica de Couchsurfing y sus amigas.  Después de 12 largas horas de autobús en las que entablé conversación con un chaval turco, llegué a Belgrado con un 3 % de batería en el móvil. Cambié los euros por los dinars y después de coger un autobús urbano llegué al hostel. Tuve que preguntar varias veces porque me indicaron mal la parada, pero lo acabé encontrando. Una vez instalado, duchado y preparado, lo que más me interesaba era saber si el plan de la noche seguía en pie. Me puse en comunicación con Sofija y quedamos en una plaza cercana al hostel. Luego nos reunimos con su amiga Maja y unos brasileños -también de Couchsurfing- que conocía Maja. Bebimos en Kafana -un bar bastante popular, al parecer- y luego fuimos a la zona del río Varda, donde se reúnen los jóvenes para salir. Los barcos se convierten en discotecas. Ya lo sabía, desde que me lo comentaron hace años. Entramos en el ‘Shake and Shake’, donde Sofija había hecho la reserva. Me encantó el ambiente, la música y los pibones que andaban sueltos. Si bien es cierto es que también había mesas -una mala costumbre en todos los Balcanes-, el ambiente parecía más relajado, más cercano, no existía esa barrera que interponen las mesas. La noche había quedado que ni pintada para que yo acabara con Maja y Sofija con uno de los portugueses. Después de dar unas cuentas vueltas con el bus llegué al hostel sobre las 6 y a las 8 ya oí a Emanuele llegar en la recepción del hostel. Dormí una o dos horas más y nos fuimos a hacer turismo. 

Belgrado no es de las ciudades más interesantes del mundo en cuanto a cultura, ni siquiera tiene grandes monumentos que ver. Sin lugar a dudas, lo mejor es la vida nocturna –para muchos la mejor de Europa-. Como comenté en el párrafo anterior, hay mesas en los barcos-discotecas. Es tendencia, aunque nos disguste. Tienes asignada una mesa al entrar, por más que no quieres o no la necesites…Después de ir al templo de Saint Sava (la iglesia ortodoxa más grande de Europa y uno de las más imponentes del mundo), de camino al centro nos encontramos con el hotel Moscú, el cual fotografié no menos de diez veces. Disfrutamos, obviamente, de la fortaleza Kalemegdan, que cuenta con unas hermosas vistas al Danubio y un museo militar al aire libre. Se estaba disputando, además, un torneo de baloncesto en unas pistas en los aledaños de la fortaleza. Es una buena opción venir aquí a pasar la tarde, sobre todo cuando el tiempo acompaña, como fue el caso. Ahora, además, pude contemplar todo mucho mejor que hace tres años, cuando estaba completamente nevado y ni siquiera se veía casi el río. Por citar otros sitios notorios de la capital de Serbia (más económica que Budva, por cierto), señalaré la plaza de la República, que cuenta con animados cafés y un ambiente muy agradable. Tambien dimos una vuelta por el barrio bohemio, antes de volver al hostel para intentar descansar un poco y le dije a Sofija que nos reservara una mesa en una discoteca, FreeStyle.

 Templo ortodoxo Saint Sava
La noche no fue tan bien como la anterior, empezando por la estafa del taxista, pero teníamos prisa por llegar antes de las 11.30, que era la hora límite para entrar gratis. El domingo, con todo más o menos visto fuimos a Ada, “la playa” de Belgrado. Estaba a rebosar, ¡no cabía un alma! El calor ayudaba a que la gente acudiera al río a refrescarse, no esperábamos ni por asomo ese aluvión de gente. Nos sorprendió para bien, a pesar de nuestras vestimentas (no íbamos equipados con bañadores ni chanclas…). El tiempo acompañaba y lo ideal habría sido bañarse, pero tomamos alguna cerveza –mucha atención a la marca Jelen, de las mejores que he probado- y comimos allí, para finalizar el día en el hostel, donde habían organizado una barbacoa. No me puedo olvidar de mencionar que la cerveza Lav también está bastante decente.

Plaza de la República
Emanuele se volvió en tren a Budva por la tarde y yo me quedé con la gente del hostel. Pregunté a los de recepción por el partido de baloncesto entre el Partizan y el Estrella Roja, el derby de Belgrado y es que el azar me acompañó y se estaba disputando precisamente la final de la liga Serbia y yo estaba allí para disfrutarla en directo!...si conseguía entradas. Llamaron el lunes por la mañana y les dijeron que no había –al parecer solo eran para los socios-, pero la chica del hostel me dijo que conocían a un chico que las solía vender en reventa. Yo me fui a Novi Sad, como había planeado y estuve en permanente contacto con esta chica para saber cualquier novedad. A lo largo de la tarde me dijo que el chico no había podido conseguir para este partido. Pero yo no me iba a dar por vencido tan fácilmente…

Vistas desde Kalemegdan
Hablando un poco de Novi Sad, he de decir que me gustó bastante. Es pequeño, sí, al menos el casco antiguo (Stari Grad) , pero la plaza mayor era espectacular. Me enamoró a primera vista. Mis fotos panorámicas pueden dar buena muestra de ello. Comí en un restaurante en plena plaza, hice un poco de turismo y quedé con otra chica de Couchsurfing, Maja, para que me enseñara un poco la ciudad y me contara la historia local. Siempre es útil recurrir a esta página. Lo llevo haciendo desde hace años y hasta ahora todas las experiencias han sido positivas.

Fuimos a la fortaleza, que era lo más significativo de la ciudad. Echamos unas fotos desde allí, con el puente separando los dos lados de la ciudad, y la chica aprovechó para ponerme al día de la problemática serbia con Kosovo y Albania. Según ella, Slobodan Milosevic, quiso poblar Kosovo (territorio serbio desde hacía más de 10 siglos) con albaneses. El problema vino cuando los albanos empezaron a tener familias numerosas. Y con numerosas me refiero a más de 10 o 15 hijos. Una locura. Y como podréis adivinar, estas nuevas generaciones de albanos, fueron tomando cada vez más poder, hasta declararle la guerra a Serbia por considerar que ese territorio les pertenecía. Ahí radicaba el problema que acabaría con Serbia bombardeando Kosovo y con Estados Unidos, a su vez, bombardeando Serbia.

Plaza principal de Novi Sad
A media tarde cogí el tren de vuelta a Belgrado. El Pionir y una de las rivalidades más legendarias en el mundo de la canasta esperaban…

Fui previsor y antes de partir a Novi Sad dejé la maleta en las taquillas de la estación de autobús. Más bien era una habitación con vigilantes 24/7, lo cual siempre es una garantía. El hecho de estar sin la maleta me facilitaba desplazarme con mucha mayor movilidad. Nada más llegar a Belgrado, me bajé en la parada más cercana a la Sala Pionir y en 10 minutos allí estaba, en los aledaños de una de las canchas con más mística del básket europeo. Fui preguntando que si había entradas o dónde estaba la taquilla, pero la gente hablaba más bien poco inglés…hasta que me topé -o más bien me encontró él- con un reventa. Me dijo que por 1000 dinars me la vendía. A mí solo me interesaba que la entrada fuera real, válida. Una vez allí, no quería ninguna sorpresa de última hora, y al cambio salía a 8 euros, así que no quise ni negociar, le di los 1000 dinars y tan feliz

. En cualquier otro contexto habría negociado, evidentemente, como hice en Liverpool, en Sevilla para ver los cuartos de la Uefa…pero aquí, sabiendo que no había entradas…y por 8 euros…what a bargain! (qué chollo). Habría estado dispuesto a pagar 20. Segundo partido de la final de la liga serbia, dos clásicos del baloncesto europeo y una cancha especial, con un ambiente bárbaro, espectacular, ensordecedor. No sé si volveré a Belgrado algún vez, pero lo que si sé es que es complicado que estos dos clubes se vuelvan a enfrentar…a no ser que sea en junio-julio, cuando se disputen los títulos de la Liga Adriática y la Liga Serbia. Una vez dentro no paré de echar fotos y grabar vídeos. El partido me importaba e intenté seguirlo, pero el ambiente que se vivía en la cancha era único. Estaba confirmando lo que había visto durante años por la tele. En esta cancha había visto caer a los clubes más grandes de Europa, teniendo el Partizan equipos mediocres, pero la hinchada aquí siempre ha sido un plus, el jugador número seis. Me pude cambiar de asientos –o de sitio, porque nadie estaba sentado- con facilidad.

Recurriendo al selfie por la inutilidad de la gente para echar buenas fotos
La gente no paraba de animar, la grada rugía a favor del Partizán, que jugaba de local y en la segunda parte me ubiqué relativamente cerca de los ultras locales. Vídeos irrepetibles que atestiguan lo fervientes que son estos seguidores, aunque los del Estrella Roja no tienen mucho que envidiarles. Ganó el equipo hoy visitante, el Estrella Roja, que ponía la serie muy a su favor (2-0). Se cumplió uno de mis sueños –ver un partido en el Pionir, aunque me habría gustado que hubiera sido un partido grande de Euroliga, pero cuenta igual!-. Cené en el McDonald, recogí la maleta y puse rumbo a Sofía.


Después de 7-8 horas en un bus nocturno y una parada de media horita en Nis –al parecer una ciudad muy interesante- llegué a Sofia. Cogí el metro y encontré sin dificultad la casa de mi host de Couchsurfing. Estuve un ratito descansando y comentando mis planes con Joanna –polaca de Czestochowa- y otra vez a hacer turismo, tras apenas dormir en el autobús…la paliza empezaba a dejar huella en mi cuerpo, pero unas gafitas de sol arreglan cualquier mala cara. Sofía me gustó, la verdad, a pesar de que Emanuele me la desaconsejó. Tenía cosas que ver y las búlgaras que vi por la calle eran muy top

Iglesia rusa
El Bulevar Vitosha es la calle principal. Tiene un ambiente muy interesante y una gran actividad comercial. Hay tiendas elegantes, bares, restaurantes, casas de cambio... Pasear por él es un must para cualquiera que se acerque a Sofía. De hecho, esa misma noche estuvimos por aquí tomando algo. Al final de la calle se encuentra el Palacio de Justicia, y no muy lejos la ópera y varios edificios gubernamentales, en la conocida Plaza Príncipe Alejandro de Battenberg, lugar de encuentro.

En el bulevar Tsar Osvoboditel, y antes de llegar a la majestuosa Catedral Alejandro Nevski, del siglo XIX - y una de las obras ortodoxas más reconocidas-, se encuentra la iglesia de San Nicolás o Iglesia Rusa, que al igual que Alejandro Nevski, fue construida para conmemorar la liberación búlgara de los otomanos, gracias a cómo no, Rusia. Y llegamos a la Plaza de la Asamblea -coronada con la estatua del Zar Libertador (Alejandro II)- donde se encuentra el Parlamento.

Después de casi media hora logré que me echaran la foto que quería
La monumental Catedral Alejandro Nevski

Tras comer y seguir haciendo turismo quedé con Joana y su compañero de piso (un aleman muy majete) para tomar una cerveza en una azotea muy agradable y con probablemente las mejores vistas de la ciudad. Dimos una vuelta, volvimos a casa a descansar un poco, recuerdo que hablé con Paulina por teléfono y salimos por la noche un ratito para tomar algo y cenar. Más bien para que cenara yo, porque ellos no cenaron. Se bastaban con una o dos comidas al día…aunque hubiera comido a las 5 o 6PM… Inaudito y extraño, sí.

Plaza de la Asamblea, con el Parlamento, la estatua del Zar Liberador y la universidad al fondo a la derecha

Al día siguiente puse rumbo al monasterio de Rila, por recomendación expresa de Emanuele. Y el sitio no me defraudó. Este enclave está a dos horas y media de la capital búlgara y se puede ir cómodamente en autobús. Se ubica en la montaña, en un valle y, sin duda, merece la pena visitarlo. Comí allí y fui a coger el autobús de vuelta a Sofía, que salía a las 15 -el mismo en el que había venido-, pero cuando llegué, a las 14.58, el autobús ya no estaba. Debía resolver cómo volver a Sofía, así que empecé a preguntar a a otros conductores de autobuses que si había otro modo de volver o incluso si no les importaba que me fuera con ellos...me dijeron que había otro autobús a las 17.30, pero yo debía coger el autobús a Skopje a las 20.30, así que iba a andar muy justo para llegar a tiempo a la estación, teniendo en cuenta que debía pasar por casa de Joana a recoger mi maleta.


Las mejores vistas de la ciudad, con el monte Vitosha al fondo
Otro conductor me dijo que a él no le importaba, pero que debía hablar con la encargada del grupo (era una excursión organizada). En principio la chica me dijo que no había problema; pero al poco tiempo se retractó. No podían arriesgarse a que hubiera un accidente o cualquier problema y yo no tuviera seguro. De este modo, no me quedó otra que empezar a preguntar a particulares si me permitían irme en sus coches... Al final encontré a una familia polaca a la que no me importó llevarme. Incluso me dieron de comer! Bueno, más bien era de cenar (para ellos...). Me dejaron muy cerca de casa, cogí la maleta y me dirigí en tranvía a la estación.

De camino a la última parada, justo antes de llegar a la estación, solo quedábamos dos revisores y yo. El hombre me pidió el billete, se lo enseñé y con su pésimo inglés deduje que quería que le pagara más, como si el que llevaba no fuera válido. Me preguntó que de dónde era, le dije que español y me replicó afirmando que ese ticket no era el que correspondía y que le debía dar 10 levas (20 euros). Por supuesto no le hice ni caso, le señalé que era el adecuado (un billete simple, solo 6 paradas, menos de 15 minutos) pero el revisor seguía en sus treces. El tranvía paró, yo me bajé y amenazó con llamar a la policía. Yo le dije que llamara si quería, que no pensaba soltar un euro y tiré hacia delante con la maleta. Evidentemente, quería estafarme y pero no dio con la persona adecuada...

Monasterio de Rila
Llegué a la estación y en la taquilla me dijeron que el siguiente bus a Skopje no salía hasta las 12AM. Cerca de 4 largas horas de espera. Los horarios de Internet no son nada fiables. Es mucho mejor preguntar directamente en la ventanillas, como consejo esencial. No quería estar esperando esas 4 interminables horas, así que fui a buscar Internet y me topé por mera casualidad con El puente de los Leones. Un atractivo turístico más al que echar unas fotos. Justo al cruzar el puente había un KFC donde cené e hice tiempo disfrutando del siempre recurrente wifi.