Aquí os dejo la entrada de mi último viaje, una ruta por el norte de Inglaterra. El post lo ha hecho Diego en su blog, por tanto esto es un plagio consentido. Solo añadiré unas pequeñas líneas y algunas fotos para adornar su gran crónica, que no desmerece la profesión periodística. Sin más dilación os dejo con su visión sobre estos tres días. Suscribo casi todo lo que cuenta.
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Antiguo castillo de la ciudad (York) |
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Catedral |
El jueves, después de unas 4 horas de viaje -invertimos más tiempo por culpa del temporal de frío y nieve- llegamos a York, justo para irme de cervezas con Javi y nuestros anfitriones de Couchsurfing: Sebastian, Marina y Steve. Según parece, los jueves no hay mucho ambiente en la ciudad y solo una pequeña cantidad de pubs y discotecas están abiertos. Por lo tanto, nos dedicamos a tomar cerveza en lugares como Louther o
Stone roses, nombre que coge del mítico grupo británico.
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Una de las seis entradas a la ciudad, Bootham Bar |
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Durham |
Al día siguiente nos levantamos bien temprano -a las 10- para dar un paseo turístico por York. Nuestro anfitrión Sebastian fue
majísimo y nos acompañó en nuestro tour haciendo las veces de guía.
York es una ciudad pequeñita pero con mucha historia. Pudimos disfrutar de la catedral gótica,
The Minster, la más grande del norte de Europa, o de sus calles empedradas llenas de embrujo, como la famosa
Shambles. Por desgracia, no pudimos recorrer la muralla, puesto que se encontraba cerrada debido al hielo y la nieve.
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Diego con el río Wear y el castillo de fondo |
A la una de la tarde nos despedimos de Sebastian y de York y emprendimos
rumbo a Durham, una pequeña ciudad de la que había oído maravillas.
Mientras el tiempo empezaba a torcerse y se acercaba la nieve, llegamos a
Durham para pasar dos horitas paseando por la ciudad. Nos sobró una.
Eso sí, tiene un encanto especial. Tanto la catedral como el castillo,
que hace las veces de Colegio Mayor, le dan un aspecto medieval que se
acentúa gracias al invierno.
Tras las dos horas en Durham, cogimos otro tren a Newcastle, esta vez para hacer
turismo nocturno,
básicamente. Entiéndaseme bien, nada de putes, sino fiesta de toda la
vida. Allí nos esperaban Andrea y Alba, preparadas para petarlo por los
pubs de Newcastle. Hay que decir que la primera noche no salió como se
esperaba, ya que unos porteros xenófobos no nos dejaron entrar en una
discoteca con buena pinta por ser españoles. ¡Lo que hay que ver! De
todas formas, lo pasamos bien en el bar de latinos, el Vineyard.
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Colegio Mayor (nada que envidiar al Hernando Colón) |
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Catedral |
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New(castle) |
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Una de las entradas al castillo |
El sábado al mediodía nos obligamos - y de paso a las pobres Alba y
Andrea - a visitar la ciudad y sus puntos de interés, que, a decir
verdad, no son muchos. El castillo que nombra a la ciudad es bien
pequeñito, y se ve todo el centro en poco tiempo.
Era hora de una merecida siesta para celebrar con ganas el cumpleaños de
Alba. Casi 20 invitados de diversas nacionalidades - Alemania, Austria,
Francia, Polonia y España, si mal no recuerdo - nos juntamos en su
casa, casa cojonuda, por cierto, para beber antes de salir. El destino
fue el mismo, el bar de latinos, pero con más diversión y más
alcohol que el día anterior.
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Sir Bobby Robson n St. James Park |
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Andrea, Diego y yo |
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Alba, Diego y yo |
Con unas pintas penosas y después de pocas horas de sueño, Javi y yo
separamos nuestros caminos para volver a casa en diferentes trenes.
En general fue un viaje bastante bueno. La
nightlife de Newcastle es muy
top. Simplemente por eso ya merece la pena volver.
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El puente verde lo diseñó el arquitecto español Calatrava |
Eso sí, no dejes de leer este post si quieres conocer también un poco más sobre la fabulosa
Essaouira, la ciudad que se ha puesto de moda en la costa marroquí.