lunes, 24 de octubre de 2011

Viaje express a Liubiana

Unos meses más tarde reanudo este diario de abordo para poder contar mis nuevas peripecias en Maribor (Eslovenia).

El viaje empezó con cierto retraso respecto a la hora prevista. Como se suponía, por otro lado, puesto que madrugar no nos sienta bien a ninguno. Emprendíamos el viaje Gustavo (el conductor), Fran, Lander, Ángel y un servidor. El trayecto -200kms. aproximadamente- lo cubrimos en una hora y media, entre anécdotas y amenas charlas.

Liubiana nos recibió con un aire gris, entre lluvia y niebla. Este clima se tornó definitivamente en nieve unas horas más tarde. A más de uno le hacía especial ilusión que cuajara la nevada. No están muy acostumbrados a verla por sus dominios. Con semejante panorama, no nos quedó más remedio que protegernos del frío y de la lluvia en un centro comercial. Eran tan sólo la 1 PM, pero teníamos hambre y no había un plan más atractivo que entretenernos comiendo y charlando.

Una vuelta más por el centro comercial de turno y cogimos el coche en dirección al casco histórico de la ciudad. Fue una tarea imposible. Intentamos de todos modos dar un paseo por el centro, pero la nevada era demasiado copiosa. Nos acercamos a las inmediaciones del famoso castillo, pero sin asomarnos más allá. Ni siquiera tuvimos la intención de subir. El tiempo no acompañaba y nos volvimos a refugiar en el coche. Acordamos, eso sí, volver.

La climatología había truncado nuestros planes. Decidimos pasar las horas pevias al partido en el pabellón y a base de cervezas fuimos entrando en calor. 1 hora y media antes nos dejaron acceder al recinto. Al menos dentro hacía calor y la atmósfera era de buen baloncesto. Un pabellón enorme, con capacidad para 12.000 personas. Precioso, la verdad. Será la sede principal del próximo Eurobasket, que se celebrará en el país balcánico en 2013.

En las instalaciones del pabellón

Después de las pertinentes fotos con la majestuosa instalación y ataviarnos para el partido -nos regalaron en la entrada unas camisetas blancas para apoyar al Union Olimpija-, los jugadores, uno por uno, fueron saliendo a calentar. Los ovacionamos, coreamos sus nombres, y la mayoría nos hizo caso y saludó. La acústica del pabellón era extraordinaria y se nos podía oír perfectamente. El más aclamado fue Juan Carlos Navarro, el MVP del pasado Eurobasket de Lituania. Como anécdota, mencionar que Union, el patrocinador del Olimpija, es una marca de cerveza. No está mal, pero me quedo con la Lasko, sin duda.

Con las camisetas de propaganda del Olimpija

El partido no tuvo mayor historia, un tanto descafeinado a raíz de la segunda mitad. El Olimpija de Ljubiana aguantó al cuadro catalán hasta el descanso. Luego, se vino abajo y el Barça tiró de oficio y recursos para irse en el marcador. El crack del partido fue el base del Regal Barça, Marcelinho Huertas. Y a Navarro se le vio solo a cuentagotas. Dejó destellos de su clase con tres triples, pero su equipo nunca necesitó de su mejor versión. El tanteador final refleja un elocuente 64-86.

De izquierda a derecha Lander, Ángel y yo

El viaje de vuelta fue más breve si cabe. Había ganas de llegar a casa. El sueño empezaba a hacer acto de presencia, pero la experiencia había merecido la pena: pasar un día haciendo algo diferente y ver nuestro primer partido de Euroliga en directo -con victoria de tu equipo- no se hace todos los días.



miércoles, 22 de junio de 2011

Wroclaw: la última aventura antes de partir a España


Wroclaw, ciudad histórica, al suroeste de Polonia, capital de la Baja Silesia, por la que confluye el río Oder, situada cerca de Cracovia, aunque no tan famosa cómo ésta, pero sí muy bella. La ciudad de las catedrales y los puentes. Esta ha sido mi última parada antes de emprender rumbo a España, el próximo sábado.

Marta y yo llegamos la tarde del sábado, pero aún había suficiente luz cómo para ver monumentos y echar unas cuantas fotos. La isla de la catedral (Ostrów Tumski) merece una mención especial, con sus numerosas iglesias góticas y puentes adornados por candados que sellan el amor de las parejas -tradición muy extendida y arraigada en toda Polonia-. Dimos una vuelta por la plaza de la universidad -la cual estaba en obras-, aunque no pudimos acceder al interior del edificio central porque estaba cerrado. La universidad de Breslavia data del siglo XVIII y fue construída por los jesuitas. Quedaba pendiente la visita para el domingo. Había salas realmente interesantes que no podían pasarse por alto. Me satisfizo disfrutar de una tarde tranquila con grata compañía, a las orillas del río Oder, contemplando simplemente el evocador atardecer de Wroclaw.

Edificio central de la Universidad
Luego, cuando anochecía, volvimos al centro, al ‘Stare Rinek’ (Plaza Mayor). Es la segunda más grande del país, solo por detrás de la de Cracovia. Muy bonita, y aunque era casi de noche, ya percibimos su encanto. Tiene otra plaza colindante, la de Sal, configurada por casas típicas de colores. Todas las plazas mayores de las ciudades polacas guardan cierta similitud. Cenita en una de las muchas terrazas que estaban abiertas a esas horas (sí, en Polonia también hay vida nocturna y cocina más tarde de las 23h.) y como curiosidad, revelar que cenamos en un bar español. Siempre es reconfortante comer algo de tu país cuando te encuentras tan lejos de casa. La comida, 'medallones de cerdo con patatas', la calificaría con un 7. No me esperaba gran cosa, y sin embargo, la calidad-precio era bastante razonable, teniendo en cuenta el sitio donde estábamos, etc. Un último paseo por la plaza y vuelta al hostel, previa compra de una pulserita con mi nombre en polaco: Jarek. No existe una traducción literal, pero es la más aproximada.

Catedral de San Juan Bautista
 A la mañana siguiente, la pereza se adueñó de nosotros, especialmente de mí. Me costó más de la cuenta levantarme. El día iba tomando la forma prevista. Sin prisas, sin agobios de ningún tipo, fuimos a ver lo que nos quedaba en el tintero. Pasamos por el viejo mercado y caí en la tentación de comprar algún souvenir de recuerdo. De vuelta a la universidad, visitamos la sala Leopoldina, el observatorio Marianum y una espléndida última planta, rematada por cuatro estatuas que representan la Filosofía, la Medicina, las Matemáticas y el Derecho. Además de una inmejorable panorámica de toda la ciudad. El sitio ideal para tomar fotos.

Comimos y nos fuimos con total tranquilidad a la estación. Todo había marchado como estaba previsto, y la vuelta a Poznan no iba a ser una excepción. Sin conocer los horarios para volver a casa, tuvimos la fortuna de llegar a la estación y comprobar que el siguiente tren hacia nuestra ciudad salía a la media hora.

Compramos el billete por algo más de 3 euros -es una verdadera delicia ser estudiante en Polonia por los descuentos que ofrecen en los transportes-, y  mientras esperábamos, coincidimos con un chico español, de Bilbao. Iba para Katowice, después de haber estado 3 meses en Wroclaw con un Erasmus práctica. Se ven españoles en todos lados. Nos comentó que los horarios oscilaban mucho y que los trenes podían sufrir cambios minutos antes de salir. Tenía razón. El panel que indicaba la hora de partida no reflejaba el andén del tren a Poznan. Decidimos ir directamente a los andenes que presuponíamos. Finalmente, lo cogimos sin mayores problemas. No me ha pasado casi nunca, pero al parecer es algo habitual este desconcierto en las estaciones polacas.

En el Stary Rynek

En el fondo echaré de menos los trenes polacos. Afortunadamente en esta ocasión la distancia no era demasiada: apenas 150 kms, pero que los hicimos aproximadamente en 3 horas. Fue ameno, sobre todo porque como de costumbre, dormimos durante buena parte del mismo. Buena compañía, eso también influye en la percepción del tiempo…